jueves, 11 de abril de 2013

Side Effects (Efectos secundarios, 2013)

Por Carlos: ****1/2


Una última oportunidad de ver a Soderbergh en acción es un buen aliciente para disfrutar de ‘Side Effects’. Tras una carrera con más de veinte títulos, algunos de los cuales más que sobresalientes, Soderbergh ha conseguido, al igual que hacen sus personajes en la película, engañarme totalmente.

Tras unas últimas películas un tanto flojas, ‘Side Effects’ se me antojaba un último ejercicio con el estilo que tanto le gusta, con historias múltiples introducidas en unos montajes vertiginosos y argumento absorbente, pero sin la fuerza de algunas de sus anteriores películas. Puestos a comparar, veía a ‘Side Effects’, cuyo argumento trata sobre la farmacología, como una especie de ‘Contagio’, película nada desdeñable, pero que Soderbergh dejó a medio camino.

El engaño consiste en presentar la película de una forma, con un argumento completo y bien definido, e ir cambiándolo durante la película, consiguiendo cambiar además de la historia, el protagonista o el género mismo. ‘Side Effects’ comienza siendo una especie de drama más preocupado en informar que en contar una historia, donde la acción transcurre entre consultas de psiquiatras y los personajes son personas con problemas de socialización. Lo mejor viene después, cuando la acción se sitúa desde otra perspectiva, y la película se convierte en un thriller absorbente y apasionante del que el espectador no puede apartar la atención. Posee un plantemianto original y una gran evolución de los personajes. Entre tanta estrella (Jude Law, Zeta Jones, Rooney Mara) se esconde toda una película propia, sacada de la mente de un tipo que ha hecho la película justo como la ha querido. De los actores, Rooney Mara se confirma como una de las actrices más hardcore de la industria actual (ya lo demostró en Millennium) y Jude Law deja a un lado sus acostumbrados papeles de galán, demostrando que si quiere, puede ser un actor muy versátil, desarrollando distintas facetas dramáticas en una sola escena.

La atmósfera asfixiante, los giros  retorcidos, y el trasfondo económico que sobrevuela durante toda la película (y que acaba siendo fundamental), completan una de las películas más interesantes del año, y para mí, la gran sorpresa de lo que llevamos de 2013. Soderbergh carga de nuevo, como ya hizo en anteriores trabajos (Erin Brockovich, Traffic), pero esta vez contra la industria farmacéutica, planteando una reflexión sobre los trastornos mentales y la importancia del lugar que ocupan los psicólogos en  nuestra sociedad.

Lo mejor: El argumento.
Lo peor: Quizás la verdadera declaración de intenciones llegue un poco tarde.

4 comentarios:

Jose MME dijo...

Hombre, y yo que pensaba que este blog había palmado...

Carlos dijo...

Aro, como otro que yo me conozco...

Jose MME dijo...

El otro está en coma, no ha palmado.

Una cinéfila dijo...

Lo mejor de la película es el giro que da en su argumento. Es cierto que este tipo de cambios argumentales se han visto muchas veces. Pero en esta ocasión nos pilla a todos. Como pega diría que la segunda parte de la película es excesivamente vertiginosa y sin la explicación final te quedarías algo perdido, Los actores muy bien.