martes, 5 de febrero de 2013

La vida de Pi (2012)

Este post fue publicado el día 5 de Diciembre de 2012 en Under Magazine.

Por Juanmez: ****

Creer o no creer, esta es la cuestión que plantea el realizador Ang Lee en su duodécimo trabajo La vida de Pi, cuidada adaptación de la novela homónima de Yann Martel: una bella fábula sobre la supervivencia que, a su vez, subraya la importancia de la espiritualidad en las situaciones límite, independientemente de la creencia religiosa que se profese.     

Desde que Ang Lee se diera a conocer internacionalmente con la magnífica El banquete de boda (1993) rara vez ha defraudado, tan solo Hulk (2003) está por debajo del alto listón al que nos tiene acostumbrados. Generalmente ha demostrado su versatilidad con creces embarcándose en proyectos dispares (Sentido y sensibilidad, Cabalga con el diablo, Brokeback mountain) que tienen como denominador común la intachable personalidad y el firme compromiso que derrocha en cada uno de ellos. 

Al igual que en Tigre y dragón (2000), estos principios no solo se mantienen en La vida de Pi, sino que además son llevados a un paroxismo inusitado apreciable fundamentalmente en el plano estético que siempre ha caracterizado a la filmografía del taiwanés. La combinación entre el impecable diseño artístico de la ya citada película con su virtuosa dirección de fotografía dan como resultado una exquisita colección de imágenes maravillosas dignas de atesorar en el recuerdo (como la de ese místico océano en calma que se confunde con la infinita bóveda celeste). Todo un alarde visual que consigue transportar al espectador a un mundo de ensueño y en el que el inevitable abuso de los efectos digitales no prevalece sobre el relato, más bien está al servicio del mismo.  

Dicho relato, conmovedor a todas luces, está protagonizado por Pi Patel, un joven hindú de nombre anecdótico con encontradas inquietudes religiosas que se ve obligado a abandonar su país natal debido al estancamiento del negocio que regenta su familia: un zoológico. En aras de encontrar una vida mejor, deciden embarcarse en un carguero con la intención de vender todos los animales a un nuevo propietario una vez lleguen al destino prefijado. Desgraciadamente, un temporal atroz provoca un terrible naufragio del que Pi sobrevive por caprichos del destino. Y será a partir de entonces cuando comience su particular odisea, aislado en un bote a la deriva en medio de la nada con la única compañía de un peligroso tigre de Bengala; un increíble viaje en el que pondrá a prueba todo aquello en lo que creía, y en definitiva, a sí mismo. 

En lugar de adoctrinar, La vida de Pi aboga por la libre interpretación de los hechos narrados. Lo que subyace bajo esta tierna historia es la sublimación de la esperanza a través de la fe, pues en ocasiones la creencia en lo insólito (en lo indemostrable) ayuda a sobrellevar y a comprender mejor la cruda realidad en la que estamos inmersos; un mensaje más que necesario en los espinosos tiempos que atravesamos actualmente. Posiblemente no convencerá a todos por igual, pero difícilmente dejará a alguien indiferente en el patio de butacas.  

Lo mejor: Es una delicia visual.

Lo peor: Que más de uno la comparará inevitablemente con Naúfrago.

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