martes, 25 de septiembre de 2012

Escena: El tiempo de los gitanos

Sugestiva e hipnótica escena que podemos ver al inicio de 'El tiempo de los gitanos', una de las películas más interesantes de los años ochenta y dirigida por Emir Kusturica.

A Roma con amor (2012)

Por Juanmez: ***1/2

Siempre tiendo a ignorar lo que los críticos opinan sobre las películas de Woody Allen porque, aparte de que no me gusta intoxicarme previamente, no suelo coincidir con el parecer generalizado. Aun así reconozco que cuando leí el aluvión de comentarios negativos sobre su último trabajo ambientado en la “Ciudad Eterna” no me extrañó lo más mínimo, ya que a juzgar por su tráiler, daba la impresión de que “A Roma con amor” atesoraba una tontorrona recopilación de estereotipos manidos y gags facilones sin gracia alguna sobre Italia, incapaces de superar cualquiera de las hilarantes parodias animadas del gran Bruno Bozzetto que pueblan YouTube. 

Sin embargo, a medida que avanzaba su visionado, la película me fue sorprendiendo gratamente, porque efectivamente está salpicada de tópicos como temía, pero son rabiosamente divertidos. Inspirándose en “El Decamerón”, Allen nos plantea una comedia ligera con cuatro líneas argumentales independientes y no correlativas en el tiempo que comparten un mismo telón de fondo: la bellísima ciudad de Roma. Todos estos relatos están conectados a través de una banda sonora compuesta de temas sabiamente escogidos que funciona a las mil maravillas como hilo conductor de las mismas.

Fiel devoto del cine italiano en general, y del felliniano en particular, el responsable de “Annie Hall” (donde ya hacía alusión al maestro nacido en Rímini) deja patente que no chochea, y que sigue teniendo pulso para captar perfectamente el tono alocado y delirante que caracteriza a este tipo de películas a las que homenajea sentidamente en forma de postal (el guiño a “El jeque blanco” en la trama de la pareja provinciana recién casada es una buena muestra de ello).

El principal inconveniente es que, tal y como sucede en la mayoría de films segmentados, existe cierto grado de descompensación entre las historias que las componen, provocando quizás que unas calen más hondo que otras; aunque esto depende, claro está, de las sensibilidades de cada espectador. A un servidor en concreto le han conquistado la de un desorientado Roberto Benigni que experimenta en sus carnes las ventajas e inconvenientes de ser famoso sin haber hecho nada para merecerlo, y por supuesto la del dueño de una funeraria desconocedor de que posee una voz prodigiosa para cantar ópera porque sus únicos oyentes han sido las paredes de su ducha. Por el contrario, no me ha convencido demasiado la historia de amor furtivo protagonizada por Jesse Eisenberg y Ellen Page en la que Alec Baldwin hace de consejero sentimental de ambos al estilo de “Sueños de un seductor”…

En cuanto al apartado actoral, es difícil decidir quién interpreta mejor su personaje porque hay un plantel de numerosos secundarios de altura, pero si tuviera que decantarme me quedaría con el carisma arrollador de Alec Baldwin y el sarcasmo incesante de Judy Davis respectivamente. También hay que reconocer que Penélope Cruz está bastante correcta chapurreando el italiano como buenamente puede.  

Pese a que en su tramo final decae ligeramente, “A Roma con amor” hará reír incluso al espectador más reacio al cine del neoyorquino, pues frescura e ironía se entrecruzan de manera ingeniosa y disparatada durante todo el metraje, consiguiendo retratar una vez más como él sólo sabe las excentricidades y debilidades de cualquier ser humano; ya sea en Roma, Pekín o Buenos Aires.

¿Qué rumbo tomará ahora nuestro neurótico cinematográfico predilecto? Algunos rumores apuntan a que su próximo destino en su periplo europeo será Copenhague, pero… ¿quién sabe si en un arrebato impredecible decide regresar a su añorada Manhattan?

Lo mejor: El regreso de Woody Allen delante de las cámaras (la primera escena en la que aparece montado en un avión es impagable).

Lo peor: Cierta sensación de “déjà vu”.