miércoles, 11 de julio de 2012

Retrospectiva: ¿Vencedores o vencidos? (1961)

Hoy es un día muy especial porque hacía bastante tiempo que no teníamos colaboraciones en el blog, pero gracias a nuestra gran amiga y fiel seguidora Lola ese periodo de espera por fin ha finalizado, atreviéndose nada menos que con "¿Vencedores o vencidos?", una soberbia película de las que su visionado hace mella. Estoy plenamente convencido de que su espléndida reseña sobre la misma conseguirá que aquellos que no la conocieran le brinden una oportunidad, y a su vez despertará de nuevo el interés por revisarla a los que ya la hayan visto (como es mi caso). ¡Todo un gustazo vamos! ¡Esperamos otra con ansia!


Por Lola C.P.:

Al evocar esta cinta en mi cabeza, la expresión que primero acude a mi mente es “¡Vaya peliculón!”. Creo que esta película es como los buenos libros o las buenas obras de arte, que cada vez que se leen o se contemplan, se descubre algo nuevo… La cinta está ambientada en la Alemania de la postguerra, adonde acude un juez estadounidense encargado de presidir el proceso contra cuatro jueces acusados de colaborar en los crímenes de guerra del régimen nazi. 

Hay tanto que decir sobre esta cinta que es difícil comenzar por algún lado. Si de entrada tuviera que destacar algo, sin duda, sería el tema. Todos sabemos que la II Guerra Mundial, el nazismo y el holocausto son asuntos que despiertan muchas sensibilidades, incluso hoy en día. Pues resulta que, en “¿Vencedores o Vencidos?”, una película del año 61, se atreven a darle un tratamiento al tema tan complejo y arriesgado que dudo mucho que pudiéramos verlo en una cinta actual. No cae en la simpleza de reducirlo todo a buenos y malos; por el contrario, trata de abordar un análisis individual de cada personaje, de sus motivaciones, sus anhelos, sus frustraciones, sus dilemas… conformando de cada uno de ellos un prisma con múltiples reflejos. Y lo hace, además, con tal maestría que el espectador logra empatizar con cada personaje, sea alemán o americano, sea víctima o verdugo, porque aquí esos roles se desdibujan y pierden por completo su sentido, de ahí el título de la obra.


Quizá por eso el espectador se siente permanentemente confuso en sus sentimientos durante las tres horas de película. Aún teniendo una opinión crítica sobre el tema, el espectador se enfrenta a sus propios prejuicios, porque ¿cómo puede uno posicionarse del lado de personas que, amparadas bajo el ala del nazismo, cometieron semejantes actos? Pues a pesar de ello es difícil no sentir lástima por los acusados, sobre todo por el Dr. Ernst Janning, magníficamente interpretado por Burt Lancaster; o no comprender el resentimiento de Mrs. Bertholt (Marlene Dietrich), cuyo marido fue ejecutado tras la derrota alemana. Pero, al mismo tiempo, personajes como Hans Rolfe (Maximilian Schell) e Irene Hoffman (Judy Garland), ambos humillados y marginados por el gobierno del III Reich, despiertan la animadversión y el desprecio hacia los acusados y, por extensión, hacia todo el pueblo alemán. Y, entonces, la benevolencia da paso a un sentimiento de venganza atroz, encarnado por los fiscales americanos que ejercen la acusación en el juicio. En mi opinión, ése es el mayor logro de la cinta: ofrecer diversos puntos de vista sobre un conflicto tan complejo sin reducirlo a una visión maniquea. Ese espíritu lo resume a la perfección el juez Dan Haywood (Spencer Tracy), con su célebre frase “Necesito comprender”. Un personaje vital, pues su concepción de la justicia vertebra toda la obra: un juicio no sirve para llevar a cabo una venganza o cobrarse una revancha, hay que desterrar sentimientos como el miedo y la rabia, porque sólo así se podrá dictar una sentencia justa que pueda cerrar heridas sin engendrar odio. 


Una historia triste y llena de esperanza al mismo tiempo, como la historia misma de Alemania después de la II Guerra Mundial. Triste por el sufrimiento padecido, la rabia de no haberse percatado a tiempo de lo que representaba el nazismo, la impotencia de no poder cambiar el pasado, el sentimiento de culpa y de vergüenza. Llena de esperanza porque en Nuremberg se condenó a los responsables de esa locura, pero no al pueblo alemán. Un pueblo que fue redimido y perdonado para que pudiera seguir adelante, como manifiesta Mrs. Bertholt al juez Haywood: “No se puede vivir odiando. Tenemos que olvidar si hemos de seguir viviendo.” 

3 comentarios:

Teo Calderón dijo...

Me parece muy interesante y oportuna la reseña que haces, Lola, del film de Kramer, aunque no puedo estar de acuerdo cuando "igualas" a víctimas y verdugos aludiendo a un desdibujamiento de los roles. Creo que Irene Hoffman (Judy Garland) y Rudolph Petersen (Monty Clift) están perfectamente definidos y diferenciados como víctimas (y no digamos los cuerpos apilados que aparecen en el documental) del Ernst Janning (Lancaster) por mucho que éste intente justificar desde su cultura e intelecto lo injustificable. ¡Claro que todos tenemos razones para hacer o dejar de hacer cosas en nuestro devenir. Y ahí reside la monstruosidad de algunos personajes, en la película y fuera de ella.
Por cierto, ese título español, "VENCEDORES O VENCIDOS", lo impuso en su día la Censura franquista en un avieso intento de crear precisamente esa "equidistancia" valorativa de la que me quejo.
En cuanto a los valores estrictamente cinematográficos de "JUDGMENT AT NUREMBERG" son indiscutibles. Partiendo de un excelente guión, asistimos a una minuciosa denuncia de las atrocidades de las que es capaz el ser humano, también de la grave responsabili­dad de quienes vieron venir todo el horror generado por el advenimiento del nazismo y no hicieron lo necesario para impedirlo, de quienes colaboraron con su silencio o anteponiendo intereses mercenarios. La película funciona como un aldabonazo para un mundo pragmático demasiado proclive a olvidar y contiene momentos realmente emocionantes. Habla de víctimas y verdugos, sí, y lo hace con apasionados y certeros diálogos. Sin embargo, donde la película no alcanza el nivel deseado es en las limitaciones de Kramer como director que afloran en algunos momentos del film con una puesta en escena que repite movimientos y efectos de cámara en aras de conseguir un enfatismo expo­sitivo al que no hay que negar fuerza y eficacia, pero que acaba resultando algo artificioso.
A destacar, por supuesto, todos los componentes del impresionante reparto que están magníficos (unos más que otros). Me impacta especialmente la corta intervención de Montgomery Clift y la muy matizada interpretación de Spencer Tracy.
Un saludo.

Jose MME dijo...

Pedazo de reseña. Sólo un detalle, Maximilian Schell interpreta al abogado defensor (papel que le valió el Oscar), Hans Rolfe. El humillado por el III Reich es Rudolph Petersen, interpretado por Montgomery Clift.

Anónimo dijo...

Muy buena recomendación, muy poca gente conoce esta pelicula, su argumento es esplendido y sus interpretaciones magnificas, hay que verla si o si