viernes, 23 de marzo de 2012

Crónica de una decepción: Los vengadores (1998)

Allá por el 98 se estrenó esta “película de usar y tirar” (por utilizar un eufemismo elegante de bazofia) que no guarda relación alguna con “Los Vengadores” de la Marvel, sino con la longeva serie de espionaje británica que gozó de gran popularidad durante la década de los 60. En su día pagué por verla en cine y a mi bolsillo todavía le duele, ¡pero es que la vendieron muy bien! En la campaña promocional parecía una adaptación fresca y entretenida que contaba con un reparto de altura, una dirección artística sumamente atractiva a cargo del oscarizado Stuart Craig, y un aroma glam - british difícil de resistir; pero sus penosos resultados de crítica y taquilla demostraron que la conjunción de estos jugosos cebos no fue suficiente para salvar este fiasco, “recompensado” con el premio Razzie al peor remake de aquel año para más inri…

Y es que, aunque su comienzo resultaba prometedor, a medida que la cinta avanzaba cada vez se hacía más y más aburrida, rozando lo insoportable a ratos. Para empezar, su argumento era pésimo: la idea de que un villano súper poderoso pretendiera controlar el clima con una especie de máquina para provocar desastres naturales parecía inspirada en el cómic de Mortadelo y Filemón “El estropicio meteorológico” (gran ejemplar por cierto, altamente recomendable), pero con un resultado cutre y previsible que distaba mucho del trabajo del ilustre Ibáñez. Por si fuera poco, el guion era deplorable, plagado de diálogos insulsos que no conducían a ninguna parte y que daban vergüenza ajena.

Aun me cuesta entender cómo actores tan brillantes de la talla de Sean Connery, Ralph Fiennes y Uma Thurman accedieron a formar parte de un proyecto tan ridículo. Sus interpretaciones no solo se veían forzadas, sino que además la pareja principal no desprendió la química que se pretendía conseguir. Probablemente Connery fue seducido con la oportunidad de poder salir vestido con el típico traje escocés del que siempre hace gala en cuanto tiene ocasión, y Thurman acababa de rodar otra terrible secuela destinada a caer en el olvido (“Batman y Robin”), así que tal vez no le importaba demasiado meter la pata una vez más. Total, recientemente había hecho “Gattaca” y estaba muy sexy enfundada en un mono de cuero, ¿qué más le daba hacer el tonto por partida doble? Podía permitírselo a fin de cuentas. Lo mismo le ocurría a Ralph Fiennes, quien por aquel entonces estaba en pleno ascenso y no tenía necesidad de venderse de esta manera tan descarada; pero bueno, un ingreso extra nunca viene mal…


En resumidas cuentas, podría decirse que en lugar de una adaptación fiel del material original, más bien parecía una una cruel burla dirigida a todos aquellos que tuvieron fe en ella; recuerdo vívidamente como ejemplo una bochornosa secuencia en la que Fiennes y Thurman deben perseguir a unos villanos disfrazados de enormes osos de peluche (sin comentarios). Quizás si “Los vengadores” hubiese sido presentada al público como una cinta paródica a lo mejor habría sido comprendida, nunca se sabe. Pero engañaron a la audiencia como quisieron, derrochando un pastizal en unos decorados brutales y unos efectos visuales solventes. Qué pena... ¿Tan difícil era hacer una buena versión?

¡¡Estad alerta si alguien de vuestro entorno os regala esta basurilla porque seguramente sea una forma indirecta de demostrar el poco aprecio que os tiene y quiere que sufráis viéndola!!  

3 comentarios:

Jose MME dijo...

Yo en filmaffinity le puse un 9 sobre 10...¿o fue un 2 sobre 10? No me acuerdo ahora...

Allan!! dijo...

Ciertamente escoria en su máximo apogeo. Siempre me dio algo de pena que Connery rematara su carrera con La Trampa, Los Vengadores y La Liga de los Hombres extraordinarios (ya se que Descubriendo a Forrester está en medio, pero aun así).

Bueno, seguro que no le pusieron una pistola en la sien, haber estudiao.

Al menos no creo que esté al nivel de De Niro en Las aventuras de Rocky y Bullwinkle, supongo.

Juanmez dijo...

Jajaja, desde luego finalizar tu carrera con La liga de los hombres extraordinarios es triste...