martes, 21 de febrero de 2012

La mujer de negro (2012)

Por Juanmez: ***

Previamente, no estaría de más aclarar que en cintas como “La mujer de negro” considero que la trama es lo de menos en realidad, pues casi todas cuentan con temáticas y resortes similares, siendo escasas las ocasiones en las que alguna sobresale por su originalidad. Bajo mi punto de vista, lo que se persigue y lo que realmente importa es lograr que el espectador se estremezca durante un buen rato, pues de lo contrario nos encontraríamos ante una producción de ínfima calidad que no está a la altura de las expectativas. Pero afortunadamente, la última película de Daniel Radcliffe “post – Potter” basada en una novela de Susan Hill cumple lo que prometía con creces en su tráiler, rescatando ese clasicismo perdido que rara vez tiene cabida en el género de terror actualmente, infestado en su mayoría de desagradables vísceras allá donde se mire. Personalmente agradezco propuestas así porque ¡hacia tiempo que no pasaba miedo en condiciones! (aunque fuera en pequeñas dosis).



En “La mujer de negro” hacemos compañía al joven abogado Arthur Kipps, que es enviado a una remota aldea con el propósito de vender una casa de un cliente recién fallecido, pero una vez allí descubre que los habitantes del pueblo se niegan a hablarle sobre la misteriosa mansión, testigo de una trágica historia que Kipps intentará descubrir… Todo el metraje está envuelto en una atmósfera tenebrosa de tintes góticos propia de la factoría Hammer, plagado de sombras y ruidos que no se sabe exactamente de qué rincón de la mansión proceden, silencios que parecen eternizarse, y por supuesto, objetos que cobran vida momentáneamente (no podían faltar la mecedora o los muñecos de aspecto tétrico habituales en estos films). Es evidente que al director no le preocupa recurrir a los arquetipos más sonados o los viejos clichés, es más, da la sensación de que los subraya y los reformula nuevamente con la intención de transmitir al público el miedo primigenio a lo desconocido en un lenguaje universal, o sea, con un código entendible y reconocible en cualquier parte del globo.

Con respecto al elenco destaca Radcliffe por razones obvias (es el atractivo primordial después de protagonizar la saga que le catapultó a la fama), quien ha sabido dejar atrás su rol de niño mago superando el obstáculo sin problema. No obstante, podría haberle sacado más partido a su interpretación, pues hay escenas en las que aparece demasiado impertérrito para mi gusto y no es muy creíble que digamos. Junto a él encontramos a unos correctos Janet McTeer y Ciarán Hinds con una presencia meramente anecdótica.


Si tuviera que elegir el aspecto más positivo de la película ese sería la tensión que se palpa en el ambiente, ya que la información se dosifica adecuadamente, desgranándose poco a poco para así mantener la intriga. Aunque a veces parece que no ocurre nada trascendental, dicha tensión permanece, creando una angustia mucho menos soportable que cualquier susto de sopetón. Contribuyen también a configurar este clímax unas notables dirección artística y de fotografía respectivamente. Pero dejando los elogios a un lado, hay que reconocer que una vez que el ecuador de la película queda superado, el nivel de interés se ve drásticamente reducido, y el ritmo de la narración va decreciendo hasta desembocar en un cierre algo precipitado y tibio en comparación al resto. Una pena...   


Lo mejor: Su impecable prólogo.


Lo peor: Un desenlace algo previsible.