jueves, 12 de enero de 2012

Retrospectiva: Remando al viento (1988)

De nuevo nuestra fiel seguidora Marina Hidalgo vuelve a participar en el blog con esta retrospectiva de 'Remando al viento', película dirigida por Gonzalo Suárez en 1988.

Por Marina Hidalgo Jaén:

'Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
El brillante sol se apagaba, y los astros
vagaban diluyéndose en el espacio eterno,
sin rayos, sin senderos, y la helada tierra
oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna;
la mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo consigo el día'

A modo de prólogo, la película comienza con este fragmento del poema de Lord Byron Oscuridad. Con él, se muestra esa sensibilidad tan característica de los románticos y otros aspectos propios de este movimiento que se van a mantener constantes a lo largo de toda la historia.

En Remando al viento, se puede apreciar cierto individualismo en algunos de los personajes en la medida en que se observan como individuos independientes que tienen sus propios pensamientos y sentimientos. Esto se ve bien reflejado en el personaje de Lord Byron.

En general, la película posee una atmósfera lúgubre, en su mayoría nocturna y oscura como el poema de Byron. Se da una gran importancia a los escenarios y a los paisajes como en la pintura de Friedrich. De hecho, una de las escenas en las que aparecen juntos Shelley y Mary se ubica en un cementerio. Aparecen muchos paisajes de naturaleza: las montañas, el mar, una playa con acantilados… todo ello no es más que el reflejo de una naturaleza grandiosa que sirve para recordarnos la vulnerabilidad del hombre en comparación con ella. Se trata de una naturaleza que domina al mismo. Un ejemplo de ello es el comienzo de la película en una paisaje glaciar que hace recordar El mar de hielo de Friedrich.

Además de esta imagen, otra escena de la película también representa el naufragio, tema muy recurrido en el Romanticismo. También la tormenta va a aparecer como un elemento muy utilizado en la época. En la segunda mitad, la historia se ubica en Venecia, lo cual muchas de las imágenes hacen alusión a la obra de Tuner El gran canal de Venecia. El mundo exótico que nos presenta muchos artistas románticos como puede ser Ingres se aprecia en este paisaje y en algunos de los atuendos de Byron al igual que sus extravagantes mascotas.

Lord Byron se presenta como un personaje pretencioso, excéntrico y un tanto orgulloso. La película lo representa emocionalmente más que de modo analítico y lejos de mostrar su faceta más polémica y controvertida. De hecho se enseña hasta su aflicción por la muerte de su perro. Por otro lado, se muestra como una persona un tanto cruel y cínica por su trato a Polidori. Aparece una imagen muy degradada de este último, lo cual resulta un tanto injusto, ya que a lo largo de la historia ha sido un incomprendido y una persona poco valorada. Es preciso mencionar que a lo largo de la película se nombran personajes importantes de la época como Rousseau entre otros. En la historia, se muestran a los personajes como escritores que mayormente se basan en la tendencia a la introspección en sus obras para mostrar sus pasiones, pero también hay un momento en el que un crítico acude a hablar con Percy B. Shelley y comenta que su obra La máscara de Anarquía es muy buena pero le resulta imposible publicar debido a sus posibles repercusiones. Esto hace que se muestre una segunda tendencia de los escritores románticos basada en una actitud crítica centrada en el análisis del propio entorno social.




Es importante recalcar la buena elección de la trama de la película, pues si se pretende representar el Romanticismo, el momento en que Byron propone que Mary Shelley, Percy B. Shelley y en último caso Polidori, escriban una historia de terror resulta crucial en esta época, ya que de tal proposición nace el famoso Frankenstein por parte de Mary Shelley.

El guión está muy cuidado y en todo momento hace referencia a los temas fundamentales de los artistas románticos tales como el horror, la muerte, el suicidio, la soledad, las sombras, el mal o el pecado. Nos podemos encontrar frases como “nunca estamos despiertos” o “la imaginación sólo consigue crear cosas que están muertas, aunque a veces puedan resultar muy bellas, y la ciencia solo descubre nuevas formas de matar”.

La muerte cobra un carácter fundamental por todos los suicidios que se dan en la historia. El suicidio se concibe como la huída máxima para los románticos y como un modo de eliminar la angustia que viven. En una de las primeras escenas de la película, se presenta el tema del suicidio por amor cuando Percy Shelley pide el consentimiento de Godwin, el padre de Mary. Godwin va a ser la figura que representará esa aparición del editor independiente y privado, que abrirá las puertas a una gran cantidad de obras.

Una vez que Mary Shelley da vida a Frankenstein, todas las preocupaciones de su creadora se materializan en todas las desgracias que ocurren en la película. Este personaje no es más que el mismo reflejo de sus inquietudes y obsesiones. La historia se basa en ese conflicto interior de Mary Shelley y en su obsesión por un destino trágico. El hecho de que este personaje cobre vida y actúe como un personaje más hace que se relacione con el tema de lo mágico, lo onírico y lo fantasmal tan típico de esta época. Es evidente que la película posee gran carga emocional debido a esa magnífica recreación del ambiente romántico junto con algunos de los personajes más relevantes de la época, admirables por la manera en que sus palabras pueden hacer que hoy día cualquiera de nosotros se sienta identificado.

1 comentario:

Cristina Hidalgo dijo...

Buena reseña Marina! en esta semana la veré. A ti te gusta mucho Byron no?
Oye, la que sabía de arte en la familia no era yo???