viernes, 16 de diciembre de 2011

The artist (2011)

Por Juanmez: *****

Resulta casi inconcebible a la par que grandioso que en una era de omnipresente 3D una película de las características de "The artist" pueda causar sensación a todo tipo de público. De forma imprevisible, esta pequeña joya francesa dirigida por un desconocido Michel Hazanavicious ha sido sin lugar a dudas una de las grandes sorpresas de la temporada, y considerando la cantidad de elogios que la cinta acumula hasta ahora, tiene todas las papeletas para colarse merecidamente en varias categorías de la, cada vez más cercana, edición de los Oscar.

Desde luego su argumento supone todo un reclamo para el espectador estadounidense, pues "The artist" nos traslada al Hollywood de comienzos del siglo XX para relatarnos los efectos provocados por la inexorable transición del cine mudo al sonoro desde dos puntos de vista diametralmente opuestos: por un lado, la caída en picado del rutilante actor Georges Valentin que se niega a adaptarse a los nuevos tiempos; y por el otro, el ascenso al estrellato de su ferviente admiradora Peppy Miller, una aspirante a actriz que aplica a rajatabla el lema "renovarse o morir".

Quizás la temática no destaque por ser muy novedosa, pues todos recordamos cintas emblemáticas que ya la abordaron a su manera como "El crepúsculo de los dioses" (imposible olvidar a Norma Desmond) o "Cantando bajo la lluvia"; sin embargo la originalidad de "The artist" radica en que ha sido minuciosamente filmada con la misma técnica de la época en la que se desarrolla la trama, es decir, muda y con fotografía en blanco y negro (aunque haya momentos sabiamente escogidos en los que el uso del sonido juega un papel fundamental para la evolución de la historia).

Bajo esta bella propuesta existe una triple intención: transmitir la estimulante sensación a los más nostálgicos de que están asistiendo enteramente a una sesión cinematográfica de antaño, acercar este tipo de cine ya olvidado a los más reticentes o desconocedores del mismo, y por encima de todo, homenajear al cine clásico en toda su extensión.

Pero además de una impoluta fotografía y de una maravillosa partitura, la química que desprenden juntos la pareja protagonista es extraordinaria. Hoy día pocos actores son capaces de llevarnos de la sonrisa a la lágrima usando únicamente el lenguaje corporal con tal facilidad como demuestran aquí Jean Dujardin y Bérénice Bejo.

En definitiva, nos encontramos ante una deliciosa oda audiovisual que tiene todo a su favor para convertirse en una obra inmortal equiparable a aquellas a las que rinde tributo.

Lo mejor: El entrañable perrito que acompaña a Dujardin, dan ganas de pegarle un achuchón todo el metraje.

Lo peor: Que su visionado se pase volando, por mí podría durar otra hora más.

1 comentario:

Marina Hidalgo Jaén dijo...

And the Oscar goes to...obviously THE ARTIST!!!!