domingo, 20 de noviembre de 2011

Un dios salvaje (2011)

Por Carlos: ***1/2
Por Juanmez: ****1/2

Antes de empezar a hablar de la película, me gustaría mencionar una de las cosas que más me ha sorprendido de la película, la localización de la acción en Nueva York. Supongo que Polanski sabe que cualquier película que se sitúe en ella despierte más atenciones que si fuera cualquier otra ciudad. Pero es bastante chocante que una película francesa, con un director vetado en el país gringo y con una obra de teatro francesa se haya localizado allí. Eso sí, rodar se rodó en París.

La película plantea el siguiente problema: Unos niños se pelean, uno le destroza la cara al otro, y los padres, para no denunciarse mutuamente, deciden quedar y que todo se soluciones civilizadamente. Pero cuando el amor propio, la venganza, y el ganar a toda costa vence al espíritu cívico, la situación puede degenerar en algo totalmente desagradable. Para dar vidas a estos padres, Polanski se rodea de lo mejor que hay en Hollywood: Kate Winslet, Cristopher Waltz, Jodie Foster y John C. Reilly probablemente estén en el top ten de los mejores actores del mundo. Con un reparto así y un guión muy pulido, y totalmente fiel, al cien por cien, a la asfixiante obra original, lo normal es que todo vaya como la seda.
Es entonces cuando el espectador toma el mando y decide. Si sois capaces de aguantar una hora y 20 minutos de conversación donde cuatro personas se insultan, se acusan, se amenazan, incluso entre marido y mujer y, con ecos de 'El ángel exterminador', son incapaces de salir de ese piso, retenidos una y otra vez por agentes más poderosos que sus propios deseos, disfrutaréis como nunca. Pero esta frustración constante y la desagradable sensación de ser un participante más en la conversación puede acabar volviendo loco al espectador. Polanski dirige con maestría lo que mejor sabe hacer: poner en peligro la salud mental del espectador, como ya hizo en 'La semilla del diablo', donde su protagonista no era capaz de salir de ese grupo de personas que la atormentaban, o en su última película 'El escritor', donde Ewan McGregor intentaba huir de las personas que lo acosaban, pero a la vez sentía la necesidad de adentrarse más entre ellos. Esta vez, queremos estar en esta discusión que parece no tener fin, pero que queremos verla terminar cuanto antes.

Lo mejor: El mejor reparto del año.

Lo peor: Un agobio constante.

Carlos

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Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien en el cine como con “Un dios salvaje”, la última película del cineasta franco – polaco Roman Polanski basada en la obra teatral homónima de Yasmina Reza, a la que ha sabido sacar sin duda un excelente partido.

Como bien ha dicho mi compañero Carlos, lo que empieza como una aparentemente educada discusión entre dos matrimonios a causa de una riña entre sus respectivos hijos se convierte en la excusa perfecta para sacar a la luz todo tipo de reproches, indirectas, pullas y trapos sucios entre ellos, hasta el punto de que cualquier comentario sin importancia es susceptible de originar un terrible estallido. Así que, paradójicamente, los que se supone que son los adultos, terminan comportándose de un modo más pueril que sus propios hijos si cabe.

Asfixiados por las cuatro paredes del piso en el que se encuentran, único decorado que enmarca la acción y del que parecen no poder salir (como si una fuerza superior de inspiración "buñuelesca" lo impidiera), los cuatro pierden totalmente la compostura mostrando cómo son realmente tras esa fachada de cordialidad y serenidad, consiguiendo que la situación degenere en una auténtica pelea de gallos bajo la que se esconde una latente rivalidad familiar, que deriva a su vez en una insidiosa guerra de sexos para culminar en sucesivas guerrillas individuales unos contra otros (y todos contra sí mismos). No hay ganadores ni perdedores, lo único evidente es que el ser humano ha involucionado a su estado más primitivo y ya es muy difícil escapar del mismo…

Fiel a su estilo, Polanski vuelve a mostrarnos esa atmósfera opresiva y cargada que tan bien sabe plasmar en su cine. Tenemos que darle las gracias por trasladar tan minuciosamente el texto a la gran pantalla y hacernos partícipes de esta divertida función, como si fuéramos meros "voyeurs" que están espiando sin haber sido autorizados a presenciar el conflicto.

Si a todo lo dicho encima le añadimos un sentido muy ágil de la narración, unos ácidos e ingeniosos diálogos y cuatro actores portentosos que rezuman profesionalidad por los poros, nos encontramos ante una película de esquema teatral que merece la pena ser vista. Pura dirección, pura interpretación y puro guión, son motivos más que suficientes para acabar creyendo en este dios salvaje que todos llevamos dentro…

Lo mejor: El detonante en forma de vómito.

Lo peor: El momento en que se corta el enfrentamiento es demasiado abrupto y repentino, te quedas con ganas de más.

Juanmez

1 comentario:

La pequeña Meg dijo...

Pues quiero verla, también me abobié con "quien teme a Virginia Woolf", pero mereció la pena, y el reparto es de lujo.

Un abrazo a los dos.