jueves, 24 de noviembre de 2011

Retrospectiva: Las amistades peligrosas (1988)

Nuestra querida amiga Marina Hidalgo vuelve a obsequiarnos sin ánimo de lucro ni afán de popularidad, con un nuevo artículo. Esta vez se trata de la retrospectiva de 'Las amistades peligrosas', obra maestra de Stephen Frears. Que la disfrutéis.

Por Marina Hidalgo Jaén:

Como si de la bruja de Blancanieves se tratara, la película comienza con el rostro de Glenn Close (Marquesa de Merteuil) reflejado en un espejo. Parece que se quiere bastante a sí misma, y que ambas personalidades se miran con complicidad: el rostro verdadero, y el rostro del disimulo. Sólo basta esa breve escena para comprender qué papel va a desempeñar la famosa actriz.

Las amistades peligrosas se sitúa en el siglo XVIII y es considerada paradigma de este siglo por muchos historiadores. Es una obra completamente destructiva, donde los juegos de seducción que se dan, se convierten en un callejón sin salida para los principales personajes de la historia.

El contexto del siglo XVIII es evidente en muchos aspectos como el ambiente de la elite aristócrata y sus formas de vida, sus grandiosos edificios, una moda extremadamente compleja y otros aspectos que más adelante se van a exponer.

La comprensión de la aristocracia en la película resulta fundamental. Se trata de una elite que no trabaja y a la que se lo hacen todo nada más despertarse por la mañana, llevándose hasta el extremo de que ni ellos mismos se visten solos. Sus miembros viven ajenos a cualquier otra realidad, solo les importa lo que les rodea. Un ejemplo de ello se puede explicar cuando John Malkovich (Vizconde de Valmont) “salva” por beneficio propio a una familia de la ruina. Este personaje desconoce que hay miles de personas en dicha situación, e incluso podemos escuchar su cínica frase “56 libras por salvar a una familia entera de la ruina me parece una auténtica ganga”.

En este contexto podemos apreciar una nueva concepción del amor. Existen numerosos amantes y engaños y el sexo cobra una gran importancia. Hay un gran tratamiento de libertad sexual en la película que hasta llega al punto de hacer pensar a John Malkovich en el prestigio que le puede dar el seducir a una mujer con una férrea moral. Se trata de una historia con gran carga erótica.
Esta película es una adaptación de la novela que lleva el mismo nombre de Pierre Choderlos de Laclos. En la introducción, el autor seña de manera irónica que es imposible que los personajes de la novela hayan vivido “en ese siglo de la filosofía, en el que las luces extendidas por todas partes han hecho, como es sabido, a todos los hombres tan honestos y a todas las mujeres tan modestas y reservadas”. El placer es el fin único, tanto a nivel sexual como de ocio. La corte queda relegada a los chismes y cuchicheos y además a la manipulación de otras vidas. Todo esto llega incluso al maquiavelismo por parte de los titiriteros el Vizconde de Valmont y la Marquesa de Merteuil, donde a medida que transcurre la trama se va apreciando la inminente decadencia de la aristocracia de cara a la Revolución Francesa. Ésta, malgasta su vida y su máxima preocupación es la apariencia, el disimulo: “créate una buena imagen y podrás hacer lo que quieras”.

Por otro lado, se aprecia una cierta mezcla de sociedades. Por ejemplo el profesor de arpa y músico Keanu Reeves (el caballero Danceny) y su relación con Uma Thurman (Cécile de Volanges). Es curiosa la diferencia entre el Vizconde de Valmont y el caballero Danceny, pues comparando éste último con el Vizconde, aparece ridiculizado e incluso patético por su inocencia y honradez. Además, el duelo final entre ambos tampoco posee una grandeza dentro de la película, pues en este siglo se van perdiendo esos duelos tan característicos del siglo XVII. La mujer cobra un papel protagonista en este siglo y por tanto en la obra también se puede ver reflejado. En este siglo se produce una revalorización de la mujer y ello se manifiesta en el personaje de la Marquesa de Merteuil, pues se presenta como un personaje inteligente y astuto, aunque finalmente llegue a un final trágico. De hecho, en un determinado momento llega a decir “me limité a escuchar y a aprender a disimular […] busco el conocimiento”.

La Marquesa de Merteuil en la propia película define en breves palabras lo esencial de la trama de la película: la coexistencia de la vanidad y de la felicidad. Al final de la película, ella misma se da cuenta de que ambos son totalmente opuestos y que por tanto no pueden ser compatibles.

En la historia se dan una serie de confusiones, enfrentamientos morales y amorosos que llevan a los personajes a una situación de desconcierto y a veces de sometimiento. Ello se ve reflejado por ejemplo en el personaje de Michelle Pfeiffer (Madame de Tourvel), una mujer con una férrea creencia católica que se ve corrompida por el carácter libertino y despreocupado del Vizconde. Madame de Tourvel resulta crucial para comprender la situación de la Iglesia en aquella época. Ésta cada vez se vuelve más débil en estos momentos, se produce una descristianización donde la sociedad se vuelve más laica y en general lo religioso pierde importancia. Se abandonan las prácticas religiosas y se pierde el miedo a las prohibiciones morales, de ahí a la búsqueda del placer y la importancia del sexo sin más preocupaciones. Por tanto, nos encontramos con una mujer aferrada la religión en contraposición de la corrupción, el dinero y la manipulación, lo que hace que la obra resulte una transgresión a la moral religiosa.
La escena final donde aparece ella en la ópera y todo el público comienza a abuchearla es de lo más inquietante. En ese momento toda la imagen que ella se había creado se derrumba, aunque aun así se retira intentando no perder la compostura. Por ello poco después aparece ella de nuevo delante de un espejo, pero de manera totalmente distinta: aparece quitándose todos sus complementos, llorando y desmaquillándose, lo que resulta una metáfora del derrumbamiento de su apariencia creada.

En conclusión, la obra posee un fuerte final moral donde cada uno queda situado en el lugar que le corresponde, siendo así castigados los personajes que han provocado esta cadena de infortunios. No hay dudas de que pueden tener merecido todo el castigo que finalmente tienen, pero la historia no es más que el reflejo del condicionamiento que se posee incluso en la actualidad de nacer en un determinado rango social entre otros factores, por lo que quizás todos estos comportamientos pueden ser justificados en cuanto a que “no pueden evitarlo” como dice el Vizconde.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Ale, pedazo de retrospectiva, ¿eh? De las mejores que hemos colgado en el blog.

Juanmez dijo...

Significa mucho para mí que Marina haya sido la que escribiera esta completísima retrospectiva, porque además del afecto personal que le tengo, se trata de una de mis películas preferidas. Muchas gracias Sally :)