sábado, 5 de noviembre de 2011

Melancolía (2011)

Por Juanmez: ****
Por Carlos: ***

Melancolía: “Dícese de la tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.”

Más allá de un estado de ánimo, aquí Melancolía es una metáfora en forma de planeta que amenaza colisionar con la Tierra terminando así con las vidas de todos los seres que moran en ella sin remedio alguno. Asistimos pues al fin del mundo de acuerdo con la visión del danés Lars von Trier, que vuelve a evidenciar (como ya hizo en “Anticristo”) su paulatino distanciamiento de los principios del movimiento Dogma 95 que él mismo cofundó en su día junto a otros colegas como Thomas Vinterberg. Actualmente se cuentan por miles los detractores del realizador que otrora eran sus más fieles devotos, incapaces de asimilar aún que uno de los artífices de una tendencia cinematográfica tan rompedora haya decidido probar nuevos rumbos; por suerte yo sí lo he asimilado, puesto que entiendo que un director tan curtido como él necesite experimentar para evolucionar sin tener que ser por ello tildado de hipócrita ni mucho menos rechazar radicalmente su etapa anterior, de la que además sigue conservando ciertas reminiscencias.

En lugar de mostrarnos un film catastrofista al uso, Trier opta por detenerse en la atmósfera previa al acontecimiento a través de las perspectivas de dos hermanas con caracteres diametralmente opuestos: Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg). Cada una de ellas cuenta con su propio episodio diferenciado dentro de la cinta, precedidos ambos por un premonitorio prólogo de gran poderío visual (tan preciosista como hipnótico) que configura de este modo un tríptico muy bien estructurado. Después del bello prólogo que ofrece un breve anticipo de lo que va a suceder, el primer segmento de la película se centra en la boda de Justine, una joven atractiva y feliz que aparentemente tiene todo lo que desea; no obstante lo que se supone que debía ser la noche más feliz de su vida se acaba convirtiendo en toda una pesadilla cuando en el transcurso de la celebración afloran los conflictos existentes entre los miembros de la familia y descubrimos que no todo es tan idílico como parecía en un principio. De este acelerado capítulo destaco interpretativamente a una entregada Kirsten Dunst y a un chistoso John Hurt (el momento en que roba cucharas para esconderlas en el bolsillo de su chaqueta y marear a los camareros es muy divertido).

Acto seguido entramos de lleno a la segunda parte rodada desde el punto de vista de Claire, mucho más pausada y con mayor contenido dramático que la anterior. A partir de aquí es cuando la película da un giro de 360 grados porque se conciencia al espectador de la presencia del planeta Melancolía y de la gravedad que supondría el choque del mismo con la Tierra si ocurre. Esta desesperante y repentina sensación de agobio es transmitida todo el tiempo por Claire que se niega a asumir la posible destrucción del mundo, a diferencia de su hermana quien parece aceptar estoicamente su destino sea cual sea porque su vida ha quedado destrozada tras la fallida boda. Sintiéndolo por Dunst, Charlotte Gainsbourg vuelve a demostrar el animal escénico que es y se la come actoralmente hablando. El premio a Mejor actriz en Cannes tendría que haber sido para ella de nuevo…

Por tanto existe un marcado contraste entre ambos fragmentos: mientras que en el primero los protagonistas están tan ensimismados en pasarlo bien que llegan a olvidar lo que sucede más allá de sus propias narices, en el segundo por el contrario se revela que prácticamente todo lo presenciado en el capítulo previo resulta insignificante en comparación a la problemática que se plantea: el presuntamente inminente cataclismo cósmico. Asimismo es interesante observar cómo cada una de las hermanas afronta el acontecimiento: Justine se entrega al influjo del planeta porque no tiene nada que perder, y sin embargo Claire teme su impacto porque sí alberga motivos por los que seguir adelante.

En definitiva, una cinta apocalíptica con un punto romántico que invita a la siguiente reflexión: ¿de qué sirve complicarse tanto la vida si a lo mejor mañana llega un meteorito y acabamos de repente fulminados?

Lo mejor: Su apoteósica escena final.

Lo peor: La segunda parte se hace reiterativa, insiste demasiado en la misma idea.

Juanmez.


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Lars Von Trier se define a sí mismo como el mejor director del mundo. Su ego llega a tanto que no se para a pensar si su afirmación no esconde un poco de exageración. A pesar de ello, sin duda es uno de los mejores directores del mundo, de éstos que cogen una cámara y son capaces de hacer cualquier cosa. En Dogville no utilizaba ningún escenario, en sus películas dogma rodaba casi sin guión y en 'El jefe de todo eso', que para mí sigue siendo su mejor película, no utilizaba música. Y yo me pregunto, ¿hay que dárselas tan de listo para demostrar ser un buen director? En ocasiones sí, hace falta salirse de la norma para que el público pueda ver todo su conocimiento cinematográfico, que en el caso de Von Trier es muy amplio; pero otras veces parece que sólo se preocupa de molestar al espectador.

En 'Melancolía', como bien ha dicho Juanmez, existen dos partes diferenciadas. Después de una entretenida primera parte, sin previo aviso y sin explicación, nos cuenta una historia totalmente diferente, un torrente de imágenes poderosas que aturden y agobian al espectador. A ello se le suma el personaje de Dunst, completamente incongruente. ¿Quiere morir, le da igual, o no quiere? ¿Y a cuento de qué está en esa situación? Von Trier no explica nada, y al final, ni sé si Melancolía es un planeta que revienta contra nosotros, una metáfora, un estado de ánimo, o qué se yo. Después de un rato, el espectador aborrece el personaje de Dunst, aborrece la tensión y lo único que quiere es que la película termine de una vez.

Lo mejor: La primera parte promete, aunque luego se desinfle muchísimo.

Lo peor: ¿Esto tiene soporte científico?

Carlos.

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