jueves, 8 de septiembre de 2011

La piel que habito (2011)

Por Juanmez: ****

Las películas de Almodóvar son para mí como el buen vino, hay que dejarlas reposar unos días antes de emitir una valoración sobre las mismas; igualmente me sucede con su última creación, “La piel que habito”, causante del shock que llevo arrastrando desde el día que la vi en riguroso estreno. Si ya de por sí me considero un fan entusiasta de su cine, reconozco que además en este caso me alentaban las opiniones tan dispares y opuestas que había leído en diversos medios sobre la cinta; generándose una especie de cisma irreconciliable entre críticos de cierto renombre dentro del mundillo (por supuesto dentro de este grupo no incluyo al señor Carlos Boyero, quien movido por lo que parece ser una vieja rencilla con el manchego, sigue en su línea criticando duramente y casi sin fundamento su último trabajo). Sinceramente, no puedo evitarlo: cuanta más controversia y polémica suscita una película, más ganas me entran de verla… 

Doblemente inspirado por la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet y la película “Ojos sin rostro” de Georges Franju (ambas desconocidas para mí), Almodóvar llevaba desde hacía tiempo dándole vueltas a un guión que se le resistía y que se había convertido en un auténtico galimatías incapaz de resolver; hasta que por fin dio con la tecla: narrar la historia con su intransferible estilo, es decir, hacerla suya…

El impedimento principal que se le presentaba era la trama (de la que no pienso revelar ningún detalle), quizás poco predispuesta a funcionar en pantalla si se contaba de forma lineal; motivo por el cual decidió estructurar finalmente la película en tres claras partes bien diferenciadas: unos primeros 20 minutos en los que se prescinde de la presentación habitual de los personajes para entrar de lleno en el conflicto que están sufriendo, acto seguido un largo flashback que revela las piezas del puzzle que faltaban en el primer segmento, y por último la vuelta al presente para mostrarnos el desenlace con giro inesperado. Sirviéndose de esta pequeña licencia, Almodóvar consigue atraparnos desde el primer minuto de metraje, nos lleva por dónde quiere, haciéndonos creíble una historia que es tremendamente inverosímil en numerosos aspectos. Todo esto sería imposible si el realizador careciese de un espectacular sentido de la narración, pero afortunadamente no es el caso.

A mi modo de ver, el cineasta hace una alusión implícita a su propia piel en el título de la película, a modo de declaración de intenciones camuflada, demostrando que éste es el tipo de cine al que realmente aspira y con el que se siente más satisfecho. Y es que en “La piel que habito” se abordan de manera magistral todos los temas que más le apasionan últimamente de toda su filmografía, me estoy refiriendo a las suplantaciones y cambios de identidad (ya presentes en “Tacones lejanos” o “La mala educación”), a su obsesión por lo sórdido y lo truculento (véase el caso de “Hable con ella”), a la venganza (como en “Carne trémula”) o a su fascinación por el cine “noir” (más que evidente en “Los abrazos rotos”). Por supuesto sigue habiendo cabida para lo esperpéntico, materializado aquí sobre todo a través de guiños a sus trabajos previos (acertadísimo el auto homenaje a “Kika” por ejemplo). Con esto no quiero decir que la cinta sea perfecta ni mucho menos, pero sí reafirma, consolida y eleva a su máxima expresión todos los elementos ya citados que desde hace bastante tiempo integran sus películas.

En lo referente al apartado actoral me quito el sombrero, puesto que tanto Antonio Banderas como Elena Anaya están muy convincentes en sus respectivos roles. ¿Será este científico atormentado y de aires siniestros el personaje que le brinde a Banderas el ansiado Goya que nunca se le ha concedido? Aún faltan unos meses para despejar la incógnita… Sin embargo, muy por encima de la calidad interpretativa se impone la recreación de esa atmósfera tan angustiosa y perturbadora que se respira en todo momento, conseguida gracias a una hipnótica fotografía que contrasta intensamente las tonalidades oscuras con las más coloristas, y a una exquisita banda sonora que pone los vellos de punta.

Concluyendo, “La piel que habito” no sólo vuelve a demostrar que Almodóvar tiene el suficiente pulso para aunar lo bello y lo grotesco con una facilidad pasmosa, sino que además sabe transformar lo escabroso en atractivo y viceversa sin salir damnificado; una codiciada habilidad lograda por pocos…

Lo mejor: Las confusas situaciones en las que uno no sabe si reír nerviosamente o estremecerse. Muy “almodovarianas”…

Lo peor: La sobrante línea argumental de Marisa Paredes, metida a la fuerza con calzador.

2 comentarios:

Cristina Hidalgo dijo...

ole, ole y ole!

Anónimo dijo...

Fascinante crítica, estoy totalmente deacuerdo con lo que dices. Almod´var es todo un maestro convirtiendo lo grotesco en hermoso en sus películas. A mí me encanta cada uno de sus trabajos, que reflejan una personalidad arrolladora que muchos quisieran tener...

Xabi.