sábado, 14 de mayo de 2011

Medianoche en París (2011)

Por Juanmez: ****1/2

Una de cal y otra de arena… Así resumo la filmografía más reciente de Woody Allen, que ha estado repleta de altibajos: en 2008 estrenó la irregular “Vicky Cristina Barcelona”, y por suerte se redimió al año siguiente con la hilarante “Si la cosa funciona”, pero poco le duró este éxito porque de repente en 2010 lo estropeó todo de nuevo con “Conocerás al hombre de tus sueños”… Curiosamente, ahora en 2011, vuelve a subsanar su error con la certera “Medianoche en París”, donde el neoyorquino ha conseguido de nuevo crear pura magia cinematográfica siguiendo un estilo que me recuerda ligeramente al de “La rosa púrpura del Cairo”. ¡Qué alivio! Menos mal que esta vez he salido con una sonrisa de oreja a oreja porque “Conocerás al hombre de tus sueños” me dejó tan frío que estuve a punto de dejar de confiar en él como director. Afortunadamente, en “Medianoche en París” recupera sus diálogos ingeniosos y su inconfundible estilo narrativo en torno a un tema que siempre le ha apasionado: la nostalgia y la ilusión por un pasado no vivido que siempre parece mejor…

Su protagonista Gil (Owen Wilson) es un guionista de películas hollywodienses que decide viajar a París con su prometida (Rachel McAdams) para encontrar la inspiración de una novela en la que está inmerso. Hastiado del pijerío y la pedantería que rodean a su novia, sus padres y sus acompañantes; decide dejarlos a un lado para pasear por la ciudad durante la noche. Es a partir de aquí cuando comienza el cuento de hadas, ya que una vez el reloj marca las doce, un coche de principios de siglo aparece por la calle donde se encuentra Gil y se para a su lado. De repente se abre la puerta del mismo y sus alegres pasajeros le invitan a entrar, cuando el coche llega a su destino Gil se da cuenta de que está en el mismísimo París de los años 20. Allí asistirá a fiestas en las que conocerá a toda una galería de variopintos personajes que él siempre había admirado…

Nada más comenzar la película ya auguraba algo bueno porque Allen rompe con su esquema tradicional en los títulos de crédito iniciales: en lugar de mostrarlos como siempre con música de fondo, esta vez utiliza la música para acompañar imágenes preciosas de París, y después, mientras aparecen los títulos de crédito, introduce diálogos de los personajes de fondo. Francamente, me encantó este cambio.

El entrañable Woody nos ofrece una comedia romántica aliñada con inexplicables viajes en el tiempo, personajes graciosos y chistes ocurrentes a ritmo de jazz (muy en su línea). Posiblemente con esta cinta se lo habrá pasado de lo lindo, ya que a través de su alter – ego Owen Wilson, ha podido interactuar de manera indirecta con pintores como Picasso o Dalí (enorme Adrien Brody por cierto, su intervención es de lo más divertido del film), músicos como Cole Porter, o escritores como Scott Fitzgerald o Hemingway (también muy creíble Corey Stoll). ¿Qué amante del arte no desearía compartir un ratito con sus escritores, músicos o pintores más idolatrados? Aquí Allen lo consigue…

Por cierto, mi más sincera enhorabuena a Owen Wilson porque está fantástico en su interpretación. Creo que Woody Allen siempre ha sentido mucho respeto por los actores que trabajan en el infravalorado género de la comedia, por eso no es raro que haya tirado de actores como Jason Biggs o Will Ferrell en alguna ocasión. Lo más seguro es que los escoja debido a que son idóneos para imitar sus ticks y gestos al igual que hacía él cuando era más joven y aparecía en sus películas. Igual de estupenda aparece Marion Cotillard, cuya belleza y ademanes la convierten en una deliciosa obra de arte viviente de la “Ciudad de la Luz”. En cuanto al esperado cameo de Carla Bruni no tengo nada que objetar, cumple su función correctamente y su presencia embellece el conjunto.

Como en toda cinta de Allen hay puntos geniales, por ejemplo el delirante momento de Dalí con los rinocerontes o aquel en el que Wilson le da un valium a Zelda Fitzgerald para calmar sus nervios. Son solo un par de ellos, si queréis conocer el resto mi consejo es que os dejéis llevar y disfrutéis con esta cautivadora película al máximo porque es un placer para todos los sentidos. ¿Acaso no es el cine una fábrica de sueños? Pues “Medianoche en París” es un sueño del que muchos no querrán despertar. Tal vez no sea una película enorme, pero sin duda es una de las mejores dentro de su etapa europea y será una de las más recordadas con afecto cuando echemos la vista atrás a su trayectoria…

1 comentario:

Una cinéfila dijo...

Totalmente de acuerdo con vuestro comentario. Nada mejor que utilizar el cine para hacer realidad nuestros sueños y viajar en el tiempo para encontrarnos en la época que más nos gusta y con los personajes que admiramos.Como Cenicienta, el protagonista espera la medianoche para adentrarse en un pasado histórico en donde hubiera querido estar presente.Pero, ¡ojo¡, como advierte en algún momento del film, no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor y, aunque disfrute con sus idas al París de los años veinte, tiene claro que desea vivir en el presente. Efectivamente, W.Allen aprovecha este planteamiento para presentarnos la cara distorsionada de los artistas famosos de la época.