lunes, 25 de abril de 2011

Rubber (2011)

Por Juanmez: ****

La primera vez que vi el tráiler de “Rubber” pensé: ¿qué diablos pasaría por la mente de su creador, Quentin Dupieux, a la hora de dirigir esta inclasificable película? Todo comienza cuando Robert se da cuenta de que posee poderes telepáticos, los cuales utiliza para convertirse en un asesino que sacia su sed de venganza matando a todo aquel que se cruce por su camino. Hasta aquí todo es medianamente admisible dentro de lo que cabe, sin embargo he omitido un pequeño y crucial detalle: Robert es un neumático vulgar y corriente… Supongo que la idea de ver, durante 90 minutos, a una rueda con vida propia que se dedica a reventar la cabeza de sus víctimas por afición, únicamente con el poder de su mente, suena inconcebible, por no decir absurda; pero es que, precisamente, la gracia de “Rubber” reside en el más puro absurdo…

El film es muy honesto y no pretende pillar desprevenido a nadie, pues ya en el mismo prólogo aparece un actor con aspecto de sheriff que se dirige al espectador justificando con antelación este “sinsentido” que caracteriza a la cinta; para ello se apoya en una serie de axiomas formulados en películas muy conocidas que nunca han sido cuestionados desde una perspectiva lógica por los espectadores, sino que se han asimilado desde el minuto uno sin ser discutidos, por ejemplo: ¿por qué “ET” era marrón? o ¿por qué los protagonistas de “Love story” se enamoran? Al partir de esta premisa, es fácil responder a la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que una rueda cobre vida y aniquile gente a diestro y siniestro?, ¿cuál es su origen? La respuesta más inmediata sería: ¿acaso importa? No hay ni que planteárselo, la clave está en dejarse llevar. Desde luego, es comprensible que a más de uno le parezca una soberana chorrada, pero en mi caso no voy a ser hipócrita y voy a reconocer que esta ingeniosa película me ha hecho pasar un rato muy divertido.

Si en “El diablo sobre ruedas”, Spielberg consiguió que el público sintiera miedo con un camión, cuyo conductor no aparecía, aquí Quentin Dupieux logra algo aún más meritorio si cabe: que una rueda se convierta en la indiscutible protagonista de una cinta y que el espectador se identifique en algún que otro momento con ella (por ejemplo cuando se obsesiona con una chica que es de su gusto). Sinceramente, una de las grandes incógnitas para mí era cómo harían que la rueda se moviera sola por el desierto, pero al final he quedado satisfecho con el resultado: la primera aparición de Robert levantándose de la arena es sencillamente brillante, en cuanto al resto de planos, destacando sobre todo los que están tomados desde la misma rueda, también están muy logrados.

En realidad su argumento no es nada enrevesado ni fuera de lo común, pues se trata de un clásico relato del tipo psychokiller con un ligero toque gore que tiene como protagonista un simple neumático. No es más que eso. Antes de verla llegué a pensar que esta historia quedaría muy bien en un cortometraje, que no cundía para un largo, pero me equivoqué porque durante su visionado no se me hizo ni aburrida ni repetitiva como me temía de antemano.

No obstante, lo mejor de la cinta en mi opinión es el grupo de espectadores ubicados en el mismo desierto que está Robert contemplando a través de unos prismáticos las fechorías de este maquiavélico neumático como si de un espectáculo se tratase, es decir, la película cuenta paralelamente con otros protagonistas a su vez: un público selecto dentro de la misma que observa atentamente todo lo que la rueda está haciendo en tiempo real, siempre a una considerable distancia de la misma lógicamente (por ello usan prismáticos). Sin duda los personajes que configuran esta variopinta audiencia son aún más extraños que el propio Robert.

SPOILER

Me gustaría añadir que es muy simpático el símil que se establece entre el envenenamiento digestivo al que son sometidos estos pobres espectadores con el envenenamiento visual al que muchas veces estamos sometidos nosotros, que nos tragamos cualquier porquería que nos echen sin darnos cuenta. Muy interesante…

FIN DE SPOILER

En definitiva, “Rubber” es un producto atípico con un profundo sentido de la autocrítica que homenajea descaradamente a la “sinrazón”. Tal y como dicen en el film: “las cosas pasan sin motivo alguno…”

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