domingo, 16 de enero de 2011

Somewhere (2011)

Por Juanmez: **


Si “Somewhere” hubiera sido la ópera prima de un director desconocido, probablemente me habría resultado un atractivo debut; pero al tratarse de la cuarta película de Sofia Coppola nada más y nada menos esperaba un film de gran calidad, a la altura de los anteriores. Sin embargo, las altas expectativas que tenía (producidas por un prometedor tráiler) se desvanecieron una vez tuve la oportunidad de verla. Quizás esto me pasa por exigir demasiado a un director (directora en este caso) del que me gusta toda su obra, por muy breve que sea en el caso de Sofia.

Desde el momento en que supe el argumento de la cinta, pensaba que mi querida Sophie (lo digo en tono cariñoso, no de burla) abordaría la soporífera cotidianidad de una estrella de Hollywood desde una perspectiva nueva y diferente, fresca y original, nunca antes vista… Sorpresa para mí cuando me di cuenta de que estaba totalmente equivocado, pues mi querida Sophie se ha limitado simplemente a contarnos por enésima vez una historia muy trillada que tiene ya tantas vueltas en el cine como las que da Stephen Dorff al comienzo de la película montado en su Ferrari, sin aportar nada medianamente interesante o novedoso. Inocente de mí al imaginar que la presencia de su hija serviría de contrapunto y empujaría la trama hasta levantar el conjunto; pero sus apariciones son más bien escasas y carecen de la fuerza que haría falta para tirar de un producto al que le salen grietas a medida que avanza. Mi querida e ingenua Sophie se equivoca al creer que mostrando el vacío existencial como una catedral que sufre una estrella de Hollywood es suficiente para meterme en su bolsillo como hizo con Tarantino en Venecia. En esto me considero perro viejo, y a mí no me la da con queso por mucha Sofia Coppola que sea. Y lo digo con dolor, porque me sigue pareciendo una excelente directora a la que no voy a dejar de admirar por este pasajero traspiés en su carrera…

Pero el problema inicial no solo radica en que lo que cuenta está ya más visto que el tebeo, sino en que lo presenta como si fuera un territorio inexplorado dentro del celuloide, como si fuera un tema realmente flamante e innovador que ningún director de cine había tocado antes cuando evidentemente no es así… Dejando a un lado el guión, también me da coraje que a lo largo de la cinta haya secuencias estiradas innecesariamente hasta la saciedad (no hacía falta ver a las bailarinas privadas en las barras más de 5 minutos por poner un ejemplo), mientras que otras aparentemente más jugosas quedan reducidas a un segundo plano (como algunos momentos que comparten padre e hija juntos). No sé vosotros, pero prefiero un buen diálogo o un intenso cruce de miradas entre los protagonistas en lugar de ver cómo juegan a la Wii durante un largo rato; con escenas como ésta parece que mi querida Sophie no sabe ya qué más añadir para que la historia se extienda hasta una densa hora y media (podría haber sido un corto de media hora y el resultado habría sido mejor fijo). Afortunadamente, hay partes concretas muy cómicas en las que aún puedo reconocer a mi querida Sophie, como la del masaje con equívoco incluido o la de Dorff despistado en un show italiano (no quiero entrar en detalles para no desvelar nada más, ya las veréis si estáis interesados).

En general, la sensación que tenía en todo momento era que mi querida Sophie ansiaba captar situaciones realistas, permitiendo a los actores actuar con naturalidad, sin pensar en que hay cámaras que les están rodando; en cualquier caso, no termina de convencerme esta búsqueda de realismo porque se ve en ocasiones falso y poco creíble. En este aspecto, también se queda a medias porque no le saca el máximo partido…

Actoralmente hablando, Dorff está estupendo y no tengo quejas sobre él; mientras que a Elle Fanning la veo un pelín sobreactuada, por mucho empeño que le ponga. Eso sí, no puedo objetar que hay un estrecho vínculo entre ambos, parecen auténticamente padre e hija.

Cuando terminó, me acordé irremediablemente de la magnífica “Lost in Translation”; porque de sus trabajos anteriores es, quizás, el que más me recuerda a este último. No sólo por las sensaciones de aislamiento y soledad que se transmiten, sino porque además parece como si mi querida Sophie quisiera recuperar el binomio Bill Murray - Scarlett Johansson por medio de Stephen Dorff y Elle Fanning, con la diferencia de que el resultado es bastante desigual (no es tan descabellado este paralelismo teniendo en cuenta que en cierto modo Murray ejercía de protector de Scarlett al igual que Dorff de su hija). Comparando ambas cintas, me gustaría zanjar esta reseña preguntando: ¿dónde está la química entre Bill Murray y Scarlett Johansson?, ¿dónde quedan sus silencios, miradas y diálogos?, ¿dónde está esa envolvente banda sonora o esa seductora fotografía?, ¿dónde queda ese sentido de la estética tan personal y acertado? La respuesta: “Somewhere”…