domingo, 26 de diciembre de 2010

Tron legacy (2010)


Con el blog casi recién estrenado, hablamos en una entrada de la película de ciencia – ficción “Tron” debido a que esta Navidad se estrenaba en cines su secuela, titulada “Tron legacy”. Para aquellos que no lo sepan, la entrega original fue una de las pioneras en utilizar la técnica de computación gráfica en cine; además exploraba la temática de la realidad virtual sirviendo de inspiración y modelo a muchos videojuegos y cintas posteriores. Desafortunadamente, aunque contara con todas estas innovaciones, la película no cosechó una gran recaudación en taquilla cuando se estrenó en el año 1982; sin embargo, con el paso del tiempo se ha revalorizado hasta el punto de convertirse en una película de culto para miles de cinéfilos… Seguramente oliéndose el posible éxito, la compañía Disney decidió que podría resultar rentable rescatar esta cinta del olvido y popularizarla financiando la producción de una segunda parte en pleno 2010. ¿Resultado? Un absoluto deleite audiovisual que cumple a 3 niveles: satisface a los fans que adoraban la precuela, conquista a los más despistados que pensaban antes de informarse que “Tron” era una marca de detergente, y por último convence con nota a todos aquellos que no valoraron positivamente la primera parte después de verla (entre los que me incluyo).

¿De qué tratan ambas? Intentaré resumirlo lo más rápido posible porque me resulta bastante costoso: en la “Tron” ochentera, un programador joven llamado Kevin Flynn (interpretado por Jeff Bridges) es traicionado por un alto ejecutivo de la corporación para la que trabajaba porque le engaña respecto a las ganancias y la autoría de los juegos que él había creado. Tras dejar la compañía, Flynn se refugia en su local de recreativos, donde sigue trabajando con juegos que él mismo había creado. Es allí donde le buscan dos empleados para que les ayude a burlar a una supercomputadora que piensa por sí misma y que controla todo el sistema, motivo por el cual también se habían visto obligados a abandonar la compañía. Flynn acepta echarles un cable sin dudarlo para así encontrar de paso evidencias de sus creaciones robadas. Juntos entran en el edificio y Flynn es absorbido digitalmente por el sistema, accediendo a un mundo cibernético donde los programas son representados por personajes parecidos a sus creadores (Flynn por ejemplo es confundido al principio con un programa llamado CLU que él mismo había diseñado previamente). Una vez allí, el objetivo principal de Flynn es encontrar a Tron, un programa de seguridad creado por uno de los dos empleados que le acompañaron capaz de luchar contra la supercomputadora de marras. A lo largo de su trayectoria, Flynn tiene que participar en diversos juegos, como la carrera de motos de neón, convertida en una de las escenas más icónicas del film.

En la secuela, el protagonista es nada menos que el hijo de Kevin Flynn (de nuevo Jeff Bridges) que busca desesperadamente a su padre desaparecido hace años. Investigando, descubre una extraña señal procedente del abandonado local de recreativos, y una vez allí es también absorbido por el mundo digital en el que su padre lleva años prisionero por un villano que resulta ser una réplica del mismo Kevin Flynn, cuyo propósito es impedir a toda costa que padre e hijo se salgan con la suya (este clon de Jeff Bridges conserva su juventud porque fue creado por el mismo Flynn cuando éste era joven). Al igual que la calidad de la película en sí ha evolucionado notoriamente gracias a las nuevas tecnologías de las que se dispone hoy día en el cine; el mundo cibernético también se ha vuelto más espectacular y peligroso… Y hasta aquí puedo leer, que no quiero revelaros nada fundamental de la trama.

Desde luego el argumento no es su punto fuerte, no tiene mucha chicha y hay ocasiones en las que se ve ahogado por el apabullante despliegue de efectos digitales; pero esto no afecta en lo más mínimo la calidad del film porque posee una estética tan sumamente envolvente e impactante que se consigue eclipsar cualquier tara del guión sin que el espectador más atento se percate mientras la está viendo. Mientras que la ambientación de la antigua ha quedado obsoleta, el apartado visual de la nueva “Tron legacy”, aún bebiendo de una estética muy “retro” con tintes “cyberpunk”, no chirría a la vista; es más, ofrece un diseño futurista que guarda interesantes reminiscencias con el cine clásico del género y que se atreve a huir de los convencionalismos a los que estamos (mal) acostumbrados a ver dentro del cine comercial. No obstante, las imágenes no serían lo mismo sin su magistral banda sonora compuesta por el grupo especializado en música electrónica Daft Punk, pienso que sus partituras configuran el 50% del film (incluso el 60% en determinados momentos). Es uno de esos maravillosos casos en los que la imagen y el sonido encajan perfectamente como dos piezas únicas de un puzzle, cuesta trabajo separar un elemento del otro…

Si tuviera que elegir un fragmento de la película, sería la primera parte en la que el protagonista se sumerge en el mundo cibernético y tiene que enfrentarse a las pruebas del duelo con discos o la carrera de motos respectivamente. Como espectador, noté que estaba presenciando algo importante cinematográficamente hablando porque me sentía partícipe de aquello, como si formara realmente parte de ese mundo digital durante casi una hora escasa... Además no me pasó como en otras películas en las que parece que estás dentro de un videojuego como siempre digo y no te da tiempo a ver nada; en “Tron legacy”, aunque el ritmo sea frenético, el movimiento de la cámara no me mareaba y me permitía disfrutar detenidamente de las secuencias de acción con todo lujo de detalles.

Respecto al apartado interpretativo, nos encontramos con Jeff Bridges por partida doble: el real por un lado, correctísimo como siempre en plan maestro Kenobi con su hijo, y el digital por otro… Personalmente admiro los esfuerzos y los riesgos que se toman al confeccionar un personaje así, pero aún así esta versión virtual y rejuvenecida de Bridges me resulta poco creíble porque es como un muñeco sin alma (esto se aprecia en el inexistente brillo de los ojos). También quiero destacar la interpretación de Martin Sheen, que está soberbio como el excéntrico y alocado dueño de un local de moda en el ciberespacio. En cuanto a los jóvenes, poco que añadir…

En líneas generales, considero que “Tron legacy” es una gozada audiovisual que respeta profundamente el material original de la obra de la que procede y que sabe reinventarlo inteligentemente. Puede que no sea una obra maestra, pero quizás ni lo pretenda ni le haga falta…