domingo, 10 de octubre de 2010

Enterrado (2010)


Paul Conroy es un contratista civil en Irak al que secuestran y entierran vivo en un ataúd de madera, teniendo en su poder únicamente un teléfono móvil y un mechero. ¿Logrará sobrevivir? Con esta premisa parte una de las cintas más comentadas de este año…

No hace mucho tiempo, Uma Thurman en “Kill Bill 2” nos enseñó que salir de un ataúd no es tan complicado como parece; lástima que Ryan Reynolds en “Enterrado” carezca del conocimiento necesario en artes marciales que ella poseía para escapar del mismo. ¡Pedazo de as que tuvo Uma bajo la manga y que habría ayudado mucho a Reynolds!

Poniéndome ya serio, debo confesar que al principio era muy reacio a ver el segundo largometraje de Rodrigo Cortés porque no estaba seguro de si se trataba de un film con tintes experimentales como se ha dicho en determinados foros o si más bien se centraría únicamente en mostrar el morbo de ver a un tío encerrado en una caja de pequeñas dimensiones bajo tierra durante unos 100 minutos aproximados, pero me picaba la curiosidad y decidí darle una oportunidad.

Desde luego es de admirar el atrevimiento de llevar un guión como este al cine porque de entrada parece una propuesta poco solvente y algo demencial; sin embargo hasta el momento parece que consigue que tanto crítica como público coincidan y se queden pegados en la butaca, contemplando atentamente como el protagonista (único actor de todo el metraje) intenta escapar de esa macabra trampa. ¿Cuáles son las claves de su éxito? ¿Cómo es que no aburre?

1. Sensación de agobio. El hecho de que en ocasiones aparezca la pantalla en negro y solo se escuche la respiración agitada y frenética del protagonista, así como sus gritos de desesperación y angustia es algo que mantiene la tensión en todo momento y pone los pelos de punta. Al espectador no le queda más remedio que ponerse en su pellejo y pensar: ¿y si me pasara a mí?

2. Redefinición del suspense. Se ha dicho que a Alfred Hitchcock le hubiera encantado esta película y probablemente tengan razón porque incluye algunos ingredientes que a él le fascinaban: un espacio reducido y único, un más que asfixiante clímax, un tira y afloja constante con el público y un macguffin bien planteado (si se piensa profundamente el argumento es solo una excusa o pretexto que justifica la presencia de Reynolds en el ataúd, no tiene mayor relevancia en la trama en sí). Además, hasta los sencillos títulos de crédito tienen un toque que recuerda un poco al estilo del maestro del suspense, con ese juego de líneas verticales y horizontales en movimiento que se van ramificando continuamente.

3. Montaje milimétrico. Al desarrollarse la acción en un espacio tan limitado, es vital contar con un montaje vibrante que mantenga el pulso narrativo para que la cinta no pierda emoción. Esto se consigue a base de incontables, variados y rebuscados planos o de pequeños recursos cinematográficos como la variación del tamaño de la tumba, con el que se juega en ocasiones para transmitir mayor o menor sensación de asfixia por ejemplo.

4. Interpretación impoluta. Ryan Reynolds lo borda, ofrece una actuación convincente y pura, sin artificios de ningún tipo: está él solo frente a la cámara, prácticamente recitando un monólogo. Por lo visto Reynolds comentó en una entrevista que el rodaje le dejó la espalda destrozada y magullada, así que también ha supuesto un reto físico para él. Pobre hombre… ¿Será reconocido por este trabajo? Sería lo más justo…

5. Crítica feroz. En el film se muestran la inutilidad burocrática (a través de las llamadas telefónicas), las mentiras políticas, las víctimas inocentes que pagan el pato en un país sumido en frecuentes conflictos, aquellos medios de comunicación a los que solo les mueve la carroña, etc.

6. Escenas desesperantes. La de la serpiente es buena prueba de ello. No profundizaré más en ella, los que quieran saber a qué me refiero que la vean…

Aunque dudo que revolucione el panorama cinematográfico actual, “Enterrado” es un interesante ejercicio que no debería pasar desapercibido porque sería un error despreciar la admirable labor de Rodrigo Cortés tras haber firmado una película española tan osada como esta en lo que va de año. Eso sí, advierto: no es apta para claustrofóbicos.